martes, 31 de marzo de 2009

Pancho y el hijo de puta veterinario municipal que no quiso sedarlo pero sí matarlo

A veces la muerte se empeña en convertirse en huésped de alguna criatura y en su insistencia por lograrlo, que llega a resultar estremecedora, llama en repetidas ocasiones ý bajo distintas formas hasta conseguir su objetivo

Este suceso, truculento hasta el extremo, ha acaecido en la Localidad de Aguilar de la Frontera, en la Provincia de Córdoba y tiene como infortunado protagonista a un mastín al que aquellos que estaban intentando salvarle bautizaron como Pancho; también su compañera, una mastina, ha sufrido las consecuencias de la brutalidad humana que en este caso se ha manifestado por un cauce institucional, ya que la hembra, que a diferencia del perro no estaba herida, ha corrido la misma suerte siniestra y ha sido sacrificada por el "médico" de los animales.

En un instante todos los llamamientos de ayuda, todo el esfuerzo encaminado a recuperar a estos dos seres para curarle en el caso del macho y que ambos pudieran ser posteriormente adoptados, se ha transformado en dolor e impotencia ante su muerte absurda y salvaje. Si no fuera porque ni el Código Penal lo admite anclado como se encuentra en posturas de indefensión para los animales, ni el diccionario lo contempla cuando la víctima es irracional, el único calificativo que merece este acto es el de asesinato, al menos yo así lo concibo y para mí la actitud de los responsables, tanto la de los que intentaron darle muerte pero fracasaron como la de aquellos que cumplieron su objetivo, sólo puede ser denominada como criminal.