Hace ahora un año justamente, por mayo de 2008, la CNT celebraba que por fin los gobernantes comenzasen a hablar, abiertamente y sin disimulos, de la crisis que, al menos desde el año anterior, había comenzado a dar signos manifiestamente preocupantes. Por fin se abandonaban los eufemismos: “recesión, desaceleración o crecimiento negativo”. Desde luego, los trabajadores que perdían sus puestos de trabajo o las familias que veían aumentar las dificultades para acabar el mes no caían presos de estos matices lingüísticos. Nuestro sindicato avisaba, a la vez, de que habíamos de “prepararnos para tiempos mucho peores”.No se equivocaron los pronósticos, de la CNT o de otros muchos, en este sentido. El sistema capitalista nos brinda de cuando en cuando estos períodos de crisis, con diferente intensidad, y contra ellos se procura a sí mismo su propio reajuste, del que suele salir fortalecido a costa, por supuesto, de los trabajadores y las clases más humildes: recordemos la crisis vivida a mediados de los 90, o la del petróleo de los años 70. Pero ésta de ahora parece ser la peor de todas las vividas al menos desde la II Guerra Mundial.

La población residente en España superará los 49 millones de personas en 2018, a pesar de que habrá una desaceleración del crecimiento demográfico, según las proyecciones hechas públicas hoy por el 
Ante los acontecimientos de los últimos días, en los que ha quedado patente la falta de voluntad de las autoridades de cumplir con la obligación del Estado de investigar posibles crímenes contra la humanidad durante la Guerra Civil y el franquismo, tal y como establece la normativa internacional, Amnistía Internacional les insta a proteger los derechos de las víctimas sin más dilación.
