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viernes, 12 de junio de 2009

Argentina: El cura que "sólo" abusó de chicos pobres

¿Por qué no sale ningún personaje mediático a pedir cárcel común, inmediata y fusilamiento para el sacerdote abusador?

Júlio César Grassi es un sacerdote que abusó de su poder para abusar sexualmente de los chicos que tenía a cargo. Y ya no interesa cuántos casos fueron. Basta con que se haya comprobado uno. La pregunta es quién se encarga ahora de estos chicos.

Julio César Grassi es un cura abusador de menores. Así lo determinó la Justicia y poco importa si le comprobaron uno, dos, tres o un millón de casos. Es abusador, y punto. Y es sacerdote, y estaba a cargo de un montón de chicos, y por el momento sigue con la posibilidad concreta de acercarse a muchos de esos niños. Y ni los jueces ni nadie se lo impiden. Y la Iglesia todavía no dice nada al respecto. Y…

El punto en cuestión a partir de este caso, es determinar quién se hace cargo de los niños, niñas y adolescentes que viven en Argentina en condición de marginalidad y que a veces son “rescatados” por falsos mesías que, como tales, juegan a ser héroes por un rato. Hasta que alguna de las víctimas se anima a denunciarlos o hasta que el trabajo periodístico, en su rol social más importante, se encarga de sacar de la oscuridad hechos de corrupción que involucra a poderosos y famosos.

¿Por qué Grassi no fue directamente a prisión y puede gozar de la libertad hasta que la sentencia quede firme? Por los caprichos legales que, afortunadamente, sirven para honrar los derechos y garantías constitucionales.

Definitivamente la Justicia no es ciega en este país. Tiene los ojos bien abiertos y estudia los nombres y apellidos, influencias, amistades y cuentas bancarias de quienes se sientan en el banquillo de los acusados. Un violador común y corriente, de la calle, no goza de tantas garantías, aunque debería.

¿Por qué no sale ningún personaje mediático a pedir cárcel común, inmediata y fusilamiento para el sacerdote abusador? Por los caprichos de las escalas sociales. Porque por alguna extraña razón, ese violador, común, corriente y de la calle, recibe la inmediata condena social. Pero el cura no; el cura es inocente hasta que le demuestren lo contrario. Si al final de cuentas, Grassi sólo abusó de unos chicos pobres que sacó de la calle.

lunes, 6 de abril de 2009

Los desatinos de la jerarquía católica y el descenso de seguidores que enfrentan.

No son los creyentes quienes dieron el primer paso en este alejamiento, fue la propia Iglesia con su negación a los tiempos actuales y la insistencia a mantenerse aferrada a los dogmas del medioevo.
Cada vez se hace más evidente el clima de crisis que se respira dentro de la Iglesia Católica, institución campeona en cuanto a doble moral se trata, una de las razones principales es el alejamiento por parte de los que alguna vez fueron sus seguidores. Día con día son más los bautizados y educados dentro del catolicismo que se van distanciando de esa religión.

Joseph Ratziger (también conocido como el Papa Nazi) en su última visita al continente africano, una de las regiones del mundo más golpeadas por el virus de la inmunodeficiencia humana,dio muestra de una gran insensibilidad ante la terrible realidad que se vive en dicho continente. Ya son conocidas las absurdas declaraciones que realizo respecto al tema del VIH/SIDA y el uso del condón como método preventivo. La negación de este método equivale a condenar a los africanos a morir, si en un momento dado se llegasen a tomar en serio sus palabras.

Por otra parte está la férrea condena del Vaticano hacia el amor o el deseo que puedan profesarse personas del mismo sexo, a quienes ha condenado una y otra vez, otorgándoles un tratamiento de “leprosos”.

Una triste realidad: la Iglesia Católica ha sido campeona en fomentar la homofobía y los crímenes de odio hacia comunidades lésbico-gays, pero eso si, no paran en llenarse la boca acusando a gobiernos progresistas de fomentar la intolerancia hacia grupos cristianos, declaraciones que la mayor parte de las veces realizan sin el más mínimo fundamento.

El Vaticano siempre ha mostrado un total rechazo a los avances que los diversos grupos feministas han alcanzado a lo largo de sus luchas. El pasado 8 de marzo, en una declaración relativa al día Internacional de la Mujer trabajadora, Ratzinger declaró más en tono de burla que de otra cosa que las “lavadoras han sido una de las herramientas que más han contribuido en la liberación de la mujer”.

Sin embargo, la postura antifemenina del vaticano se ha hecho aun más expresa en cuanto se trata del derecho que tenemos todas las mujeres a decidir sobre nuestra sexualidad, nuestra maternidad y sobre nuestro cuerpo en general.

La excomunión a la que fue sometida una niña brasileña de 9 años, su madre y los médicos que le practicaron el aborto que se le practicó dan cuenta de la cerrazón que impera entre los jerarcas católicos.

No les importó que el embarazo haya sido fruto de la violación de su propio padre, ni mucho menos que por su corta edad su cuerpo no se encontraba aun listo para el parto de los gemelos que esperaba, ni mucho menos los traumas que una maternidad precoz hubiese podido ocasionarle, era más importante el castigo a esta pequeña, y así mostrarle a la sociedad la rigidez con la que se actuaría si se repitiese un caso como este. Claro que la rigidez sólo se aplicó a la pequeña, sobre el padre violador no se mencionó absolutamente nada.

Y por supuesto no podemos dejar de lado los niveles de corrupción, por muchos ya conocidos, que imperan dentro del Vaticano, la protección descarada que se brinda a las redes de pederastia, lo cual ha desencadenado en la impunidad que gozan los sacerdotes violadores.